Dos mil veinte: ¿hipocresía?
Hoy es el principio del fin. Después del que recibió hoy Araceli, solo quedan unas cuantas decenas de millones de pinchazos para hacer una hoguera con mascarillas. Y ya que hoy empieza nuestra remontada, es un buen día para analizar este inolvidable 2020.
De este año saco que, por naturaleza, somos egoístas; es un hecho que define a la sociedad de hoy en día. No es nuestra culpa, sino de la forma de vivir que el sistema nos ha permitido tener, y no sabemos vivir de otra manera. De pequeños nos enseñan a compartir pero, a medida que crecemos, la vida se convierte en una carrera de fondo. Estamos inmersos en un sistema social y económico completamente competitivo, lleno de caprichos y excesos que han acabado por determinar nuestros gustos y nuestra forma de vivir. Queremos ser los mejores, destacar por miedo a ser un don nadie, conservar nuestra propia exclusividad, tratando de no ser como el resto... Y todo esto es bastante triste; que la vida se mida en likes y en lo que los demás piensen de ti. Aún así, hay carreras y carreras, y la más importante la ganamos los europeos hace siglos, de manera injusta.
Cuando nos quejamos del sistema, parece que se nos llena la boca de orgullo. Pero no es orgullo, sino hipocresía, y con ello, ley de vida; por lo menos de la vida del primer mundo. Nos enorgullecemos de haber "salvado vidas" habiéndonos quedado encerrados en casa dos meses. Hay mucha gente que lo ha pasado verdaderamente mal, pero los que más nos quejamos de haber perdido este año nos pasamos el confinamiento viendo Netflix. Desde marzo, cada mañana nos despertábamos con decenas, cientos y hasta miles de muertes diarias, y nos hacíamos los preocupados. ¿Lo estábamos de verdad? ¿O preferíamos pensar en qué película tocaba ver aquel día? Muchos sacarán pecho eligiendo la primera opción, pero seamos realistas. Este año iba a ser, o ya estaba siendo, uno de los mejores años de la vida de mucha gente; el mío incluido, no tengo ninguna duda. Al final, 2020 fue un constante quiero y no puedo, querer volver a salir de fiesta, tener una clase presencial, hacer un viaje o ir a O Son do Camiño. Esto, estas tonterías, son las que nos hacen felices, y su ausencia en los últimos meses es la que ha convertido este año en una pesadilla, una pesadilla para pijos.
¿Es hipócrita por nuestra parte echar más de menos este tipo de cosas que a las 50.000 víctimas del coronavirus en España, o al más de millón de víctimas mundiales? ¿A quién pretendemos engañar? A nosotros mismos, claro. Toda esta situación no nos importa hasta que no nos influye directamente, a cada uno de nosotros y al entorno que nos rodea. Nuestra familia, nuestros amigos, nuestro pueblo, nuestra provincia... ¿Hasta dónde llega nuestra preocupación realmente? Hasta que tú, o tu abuelo, no os contagiáis de Covid-19 lo único en lo que piensas es en que ya no puedes ver a Daddy Yankee en Monte do Gozo. ¿Y eso es tan inmoral? Por supuesto que no. Como decía anteriormente, hasta que no vemos el problema de frente, nos hacemos los locos, y es algo ya natural en nuestra sociedad. Si pensar solamente en uno mismo y en todo aquello que apreciamos es inmoral, hipócrita y egoísta, toda la vida a la que estamos acostumbrados lo es: así nacimos y así moriremos. Al cruzar el estrecho de Gibraltar, que lo tenemos bien cerca, podemos ver cómo de inmorales llevamos siendo toda la vida. ¿Qué es el coronavirus en África? Os lo digo yo: outra vaca no millo.
Para nosotros, como ésta es nuestra primera vaca, nos creemos que estamos en una película y que hay que trabajar juntos para llegar a un bien común. Y es correctísimo, sí, pero esta entrañable historia de superación perderá la magia cuando estemos todos vacunados y comiencen a arder las discotecas, los estadios y los festivales de música. Mientras, los que viven en Sudán que se las apañen.
Por todo esto hay que tener cuidado con el concepto de hipocresía, porque pocas palabras son tan relativas. Porque es una bomba muy fácil de usar, pero que en cualquier momento te puede explotar en la mano. Por ello, yo digo: dejemos de pelearnos, de jugar a ver quién tiene el corazón más grande, porque somos todos unos pijos, llevando náuticos o Air Force.
No trato de ser un abogado de pleitos pobres, si al primero a quien acuso de todos estos delitos es a mí mismo, seguido de toda la sociedad primermundista. Quizás simplemente seamos individualistas, que es la forma bonita de decir que somos egoístas; que cada uno escoja la que más le guste. Solo pretendía hacer un resumen del año, y como tiempo a pensar hubo de sobra, era mejor aprovechar para hacer autocrítica, porque reírse de uno mismo siempre fue saludable. Y como nos llevan repitiendo desde aquel ya histórico 14 de marzo, la salud es lo más importante.
Como decía al principio, hoy empezó la vacunación, y eso significa que... ¡¡Ya queda menos para O Son do Camiño!!
"Aún así, hay carreras y carreras" algunhas con máis carga de traballo que outras...
ResponderEliminar