Sálvese quien pueda

Hay algo que llevo pensando, y temiendo, desde la segunda semana de confinamiento, cuando todos íbamos poco a poco dándonos cuenta de que esto no iba a ser un parón de quince días. No tengo conocimientos epidemiológicos, ni nada parecido, pero lo que yo pienso desde hace un mes no se trata de nada más que de pura lógica: "No veo la opción de volver a la calle, ni siquiera con las medidas de seguridad, sin que los contagios se vuelvan a disparar. O hay vacuna, o estaremos confinados hasta que la haya". Es algo que deseaba que fuesen solo suposiciones vacías de razón, hasta que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas publicó esto en su Instagram hace un par de días:

"Desde el punto de vista técnico, no deberíamos relajar nada; lo hacemos porque social y económicamente la gente anhela cierto relajamiento, pero el virus está hoy mucho más presente entre nosotros que cuando se decretó el estado de alarma. Ahora, tenemos entre 10 y 15 veces más casos activos y personas asintomáticas que pueden contagiar. Y si nos despistamos y hacemos alguna maniobra desordenada, la segunda oleada puede ser peor, porque partimos de un número superior de infectados", según la viróloga e inmunóloga del CSIC Margarita del Val, del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa.

Cuando comenzó la cuarentena, el 14 de marzo, habían fallecido 136 personas y el número de contagiados confirmados era de 5.753. Eran solo casos confirmados, pues seguro que en aquel momento eran muchos más. De todas formas, el caso es que el confinamiento se decretó en esta situación, con unos 5.000 contagiados. Hoy hay unos 100.000 casos activos confirmados. Hemos llegado a un punto en el que la emergencia social y económica ha superado a la emergencia sanitaria. Si el gobierno, y la sociedad con él, siguieran la lógica de marzo y abril (y como apunta del Val), deberíamos estar encerrados hasta que la pandemia esté realmente controlada o hasta que exista una vacuna; pero hemos llegado a un punto en el que, a grosso modo, debemos elegir entre correr el riesgo de contagiarnos del virus o morir de hambre.

Llevamos confinados más de cincuenta días, los periódicos siguen anunciando cientos de muertes cada mañana y la tendencia de contagios aún no ha bajado de los quinientos diarios. Con estos datos solo se puede llegar a una conclusión: el virus es implacable, incontrolable. Es una situación que nos supera y que no hay manera de contener. No existe posibilidad de volver a la normalidad o empezar una nueva sin que siga muriendo gente. Si tras cincuenta días seguimos así, cuando se reanude la actividad socio-económica, las cifras no van a hacer otra cosa que subir de nuevo. ¿Y vamos a volver al confinamiento? Precisamente, es es este el problema al que nos tenemos que enfrentar: valorar qué pesa más y si el "sálvese quien pueda" acabará siendo la única manera de seguir adelante. Es preocupante, pero cada vez la veo más cerca, dada la emergencia socio-económica. La responsabilidad individual deberá ir de la mano de esta nueva dinámica; es lo único que puede ayudar a que la situación no se agrave todavía más y supone algo bastante complicado, conociendo lo "cariñosa" que es nuestra forma de vivir.

Se habla mucho de la contención del virus, que es lo que, según las autoridades afirman, estamos haciendo ahora mismo. Y es cierto; en estos casi dos meses hemos evitado miles y miles de muertes. Por ese lado, chapeau, pero... ¿Y ahora qué? Podríamos seguir haciendo lo mismo hasta que haya una vacuna, y seguro que sería la única manera de frenar en gran medida los decesos, pero en esta tendencia, probablemente, las cifras de muertos por COVID-19 batallarían con la de muertos de hambre (repito, a grosso modo).

Con todo, la desescalada me parece tan solo un intento casi a ciegas del gobierno para tratar de seguir un ritmo responsable y paulatino cuando, hagamos lo que hagamos, me da la sensación de que solo estamos retrasando un nuevo brote. ¿O a caso se piensa que el 22 de junio, cuando supuestamente comience la nueva normalidad, todo va a volver a ser, o a parecerse, a febrero? Hemos llegado a un punto en el que el gobierno se tiene que mojar, valorar qué es lo más urgente y dejar de asumir la culpa de algo que no está bajo su posibilidad de control. La ciencia es la única que puede llegar a controlar el virus, pero faltan bastantes meses hasta que ese momento pueda llegar; meses en los que ya volveremos a llenar las calles; meses en los que solo quedará decir "sálvese quien pueda".

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