Es imposible vivir a dos metros de nadie

Hoy amanecimos con decenas de vídeos de padres y madres son sus hijos por las calles de los principales centros urbanos del país. Vídeos que vinieron acompañados de miles de insultos y comentarios como "¡por vuestra culpa la cuarentena durará hasta 2021, insensatos!". En primer lugar, ¿qué os esperabais? Sabemos de sobra en qué país vivimos y cuál es el comportamiento de la gente, esto no es Islandia. En segundo lugar, ¿de verdad creéis que, cuando todos podamos salir, en lugares como Gran Vía, se va a respetar al 100% la distancia de seguridad y todos llevaremos guantes y mascarilla? No. No solo por cómo se comporta la población, sino porque es prácticamente imposible.


No trato de disculpar a los protagonistas de estas famosas imágenes dominicales, para nada. Actos de irresponsabilidad como sentarse a escasos centímetros de un desconocido o hacer corrillos de 10 personas me parecen despreciables... Pero no me sorprenden. Siempre se debe hacer lo mejor posible para no contagiarse y está claro que una gran parte de esta gente no lo hizo; pero ni con la mayor intención del mundo será posible vivir a dos metros de nadie (al menos en los centros urbanos, claro). Y digo vivir porque esta es la forma de vivir que tenemos, somos animales sociales que necesitan ir a la calle, no por pisar el cemento, sino por compartir ese trozo de cemento con quien más queremos. Además, no creo que empecemos a desfilar por las calles, como hacen en Pyongyang.


No os veo, a todos los que criticáis hoy, haciendo lo mismo cada día, en los pasillos del Mercadona de turno. En esos pasillos de 2 metros de ancho se cruzan cientos de personas al día a la misma o a menor distancia que la gente en estos vídeos. ¿Ahí también somos todos irresponsables? O quizás me estoy equivocando, y lleváis todos al supermercado una cinta métrica y el traje de enfermero de UCI, pero no lo creo.

Habrá que ver si, quien difama hoy, sale a correr o caminar el próximo sábado. Quien consiga hacerlo por el Paseo de Gracia, por Riazor, o por cualquier centro urbano sin acercarse a menos de dos metros de nadie, es un superheroe, porque quien sea capaz de separarse dos metros de otro viandante por una acera de un metro de ancho, no es de este mundo. Ni los humanos, ni las calles, ni los pasillos del Mercadona están hechos para vivir a dos metros de nadie.



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